Aquí se encierra una idea bastante sutil, compleja y al mismo tiempo sabia: el Plan de la Naturaleza. Debemos comprenderlo, entender hacia dónde nos conduce, y no simplemente huir de los sufrimientos. Por eso, la crisis es un paso desviado del objetivo correcto de la naturaleza, percibido por nosotros como una corrección. Pero si a esta no la percibimos como una corrección hacia el curso verdadero, e intentamos todavía desviarnos a otro lugar, entonces la próxima vez provocaremos sobre nosotros una fuerza negativa todavía más grande, una corrección aún mayor.
Pero si al día de hoy tan solo comenzáramos a corregirnos levemente en esta dirección, es decir, deseáramos transformarnos, pues de otro modo nos será imposible sobrevivir ya que nos encontramos bajo amenaza de destrucción; si tan solo lo deseáramos en nuestros pensamientos, entonces nos haríamos ya semejantes a la naturaleza. Como el niño pequeño que no quiere hacer algo correctamente, y de repente decide: «ya está, basta con estas reprimendas, estoy de acuerdo, lo haré como quieren mis padres». En ése mismo instante, la relación hacia él cambia.
Si aprovecháramos correctamente estas crisis, estos golpes que se ciernen hoy sobre nosotros (los cuales son globales, nos conducen ya hacia el objetivo global), maduraríamos hasta tal estado que seríamos conscientes de las mismas. Y entonces podríamos tomar la decisión correcta.



























